|
Salud Mental, Apertura y
Prevención
DR. PABLO BERRETTONI
"No se puede concebir una psiquiatría o una salud mental sin
sociedad, sin comunidad..."
- ¿Cómo se inserta un espacio como el Hospital
Moyano dentro de la ciudad? Concretamente, nos interesa su opinión
sobre esa relación psiquiátrico-ciudad, o también,
psiquiátrico-sociedad.
- La impresión que yo tengo
es que el hospital psiquiátrico debería cumplir una función dentro
de un orden social establecido, diferente al establecido
actualmente. El hospital psiquiátrico debería ser el lugar donde
se estudia al paciente, al que tiene
sufrimiento psíquico, de
manera interdisciplinaria, porque ese paciente está en relación
con la comunidad, con el sistema de salud, con la educación, con
la familia, el trabajo, los deportes, etc. Pero el Psiquiátrico
debería ser el último eslabón de la cadena, diría una pieza
terminal, pero sin perder su raigambre social, comunitaria. La
realidad es que, por ahora, está funcionando como si fuera un manicomio, un lugar de depósito, donde hay una negación colectiva
de la sociedad que no quiere ver los problemas que ella misma
genera, desde los problemas familiares hasta el propio sistema de
salud. El Ministro de Salud, el Ministro de Hacienda, las personas
que estarán en el nivel Ejecutivo para desarrollar acciones
coherentes, no las hacen. La gente internada no viene de otro
planeta, viene de la sociedad, son seres muy sensibles que
responden, y sufren, al mandato social, la exclusión de lo
diferente es lo normal. Es decir, la idea que existe desde 1949
con Ramón Carrillo, pasando por Mauricio Goldemberg, pasando por
un montón de experiencias comunitarias, es que la problemática del
sufrimiento psíquico está en todas las personas, porque todos
somos una mezcla, todos tenemos debilidades, momentos críticos.
Sin embargo, la lectura social es que los débiles deben ser
marginados y los fuertes son los que medran, cuando la realidad es
que no hay fuertes o débiles, hay personas que tienen situaciones
más críticas o menos críticas que otras. Entonces, lo que no está
es el colchón social, no está el barrio, la familia, los grupos de
pertenencia que tengan la disposición para tratar de acompañar y
aliviar el sufrimiento de alguien que en un momento dado es el
chivo expiatorio de una problemática social, grupal. La Ley 448,
que es la Ley de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires,
complementaria a la 153 que es la Ley de Salud de la CBA, habla de
la apertura preventiva a la sociedad, no esperar que la gente se
enferme sino trabajar con la gente sana, con los elementos de la
comunidad insertos en el medio ambiente. La cuestión de esto es
¿por qué alguien que tiene una relativa salud la pierde? Carrillo
hablaba de que cada
70.000 personas tendría que haber un centro que él llamaba un
Centro Preventivo de salud mental. Goldemberg insistía en que
en cada barrio tenía que haber un centro de salud mental (pudo
hacer tres, de los cuales uno se cerró). Y en cada uno debía haber
camas para por lo menos una semana de internación si era
necesario, con equipos interdisciplinarios.
- Tanto como Goldemberg
como Carrillo estaban en contra de la Institución psiquiátrica así
como la conocemos y vivimos hoy.
- Obviamente. Es más,
Carrillo demolió el Borda y construyó el hospital actual. El Borda
era parecido al Moyano (N.R.: al final de este fragmento, y en
en otro artículo del presente informe, se publica un dibujo del
edificio antiguo del Borda, demolido por Carrillo). "Picadero
de carne" lo llamaba él. Afirmaba que lo único que hacía la
psiquiatría era clasificar pero no tratar de ayudar o curar, que
ya era tarde cuando llegaban al hospital psiquiátrico. La idea era
estar en la comunidad, con la gente de promoción social, no había
asistentes sociales en esa época, en el 49, y los psicólogos
todavía estaban en gestación. Él hablaba de formar gente como
operadores sociales, que esto también lo toma Enrique Pichon-Riviere.
En este momento están negados los psicólogos sociales, cuando
justamente la idea es salir a estar en las fábricas, los colegios,
los clubes, etc., o en los barrios, donde hay mucha desocupación.
¿Por qué no se forman grupos de desocupados o grupos de gente sin
vivienda, con planes de autogestión para encontrar alternativas?
¿Por que no se hace eso? Hay que esperar
que alguno tenga
problemas psíquicos e internarlo, cuando esto se podría prever
antes. La ley 448, hecha en el 2000 y reglamentada en el 2003,
avanza sobre las guardias interdisciplinarias en los 13 hospitales
y los 37 CeSac (Centro de Salud y Acción Comunitaria) que hay en
la Ciudad. Durante las veinticuatro horas debe haber una guardia
de un psicólogo, un psiquiatra y un asistente social, para que la
gente pueda caminar no más de 20 cuadras y encontrar un lugar
donde la escuche y no que le digan, si vive en Lugano o Nuñez: "tenés
que ir al sudeste de la ciudad para que te atiendan" y encima con
un modelo sin materia social. Porque acá te ve un psiquiatra y te
da pastillas, como mucho te hace terapia, pero el problema es a
dónde vuelve, porque la sociedad no es una
casita Heidi , donde todos somos buenos y solidarios.
Aquí se está viviendo en un egocentrismo propio de la década del
90 donde cada uno se encerró sobre sí mismo, con su depósito en el
banco y sálvese quien pueda. Imaginate que si encima aparece en el
barrio alguien que tiene problemas mentales, lo meten en el
locoducto y ¿dónde termina?: en el Borda o el Moyano. Lo
ideal es que se desarrollen en cada barrio lugares de discusión
permanente acerca de los problemas sociales, económicos y
culturales que hay en esa zona, para que la gente no pierda sus
paisajes, porque uno es lo que
es por donde vive, con quien se conecta; uno no se hace solo, se
hace en relación con los demás, uno se va formando en base a las
interacciones con los otros. A vos te internan acá y perdiste la
relación social. ¿Qué hay acá?, ¿una magia con la que le
devolvemos la salud mental a la gente? ¡Pero si el problema es del
vínculo! Gente más tranquila de la que hay acá no sé si encontrás
en la calle. El problema no es de tranquilidad, el problema es el
de la inserción social.
- ¿Qué puede hacer Ud. en
este contexto?
- ¿Como hacer para que la
gente vuelva a vivir, vuelva a decir "no, quiero que el hospital
sea distinto"? El hospital distinto es ese hospital que está en
relación con la comunidad, que no es el personal del Moyano, la
comunidad es Boca-Barracas. Pero vos no ves gente de Boca-Barracas
caminando acá adentro. La comunidad es la comunidad del hospital,
como la nave de los locos de Foucault, que avanza autogenerándose,
cerrado como un taper , con una sociedad que mira para
otro lado. Eso sí, cada dos por tres aparece una nota en los
medios "Desastre en el Hospital Moyano". Aquí no hay respeto por
los derechos humanos mínimos. Cuando yo digo eso aquí adentro, la
gente se ofende. Un derecho humano mínimo es la libertad, el resto
nace a partir de la libertad. La libertad es "quiero dormir debajo
de un puente, ¿por qué tengo que ser cuidado en un lugar donde no
puedo salir?" Eso no es libertad. Es preferible correr riesgos, te
puede atropellar un auto, se te puede caer el puente, podés no
tener trabajo, puede que tu novio te deje, pero ¿cual es el
cuidado que se da en el hospital?: Cuatro comidas por día, un baño
compartido con 100 pacientes y no poder salir a la calle. Libertad
y posibilidades que uno conozca sus derechos, esto te digo tanto
para las personas internadas como para los trabajadores del
hospital. La gente acá no sabe cuáles son sus
derechos. Si acá la
gente supiera lo que es el acoso laboral, 22 años no hubieran
podido pasar. A la gente la cambiaban de lugar, no podía decir
ciertas cosas, no podía opinar, no se sabe quiénes son los que
trabajan en el hospital, la gente no sabe cómo es el presupuesto
del hospital, todavía hoy. Un hospital no se puede venir abajo
como se vino este, que se cae a pedazos, sin una cierta
complicidad por omisión de la misma gente que está en la
institución. La gente se dejó hacer, uno se ocupaba de su tarea y
nada más. Es lo que se llama la
naturalización de lo cotidiano . Que nos ocurre a todos.
Vos estás leyendo un diario el día domingo y ¡Oh, 100.000 chicos
muertos en África!, y das vuelta la página, te comés una factura
con el mate y seguís y te olvidás. Eso es naturalizar, en Africa
mueren 100.000 personas, es normal, y no, no es normal. O por
ejemplo, vos ya tenés el sueldo del Estado, y vas con tu auto a tu
centro de salud mental, y hay un pibe en la esquina consumiendo
paco , y lo mirás y decís "pobre pibe" y vas a tu
consultorio a esperar que ese pibe te consulte, que no va a ir
nunca, va a ir cuando sea cadáver. Eso es naturalizar. Lo mismo
que pasa afuera, pasa acá adentro. Y el edificio se cae a pedazos,
y el Estado no paga, no atendemos a los pacientes, y ¿qué vamos a
hacer?, pobrecitas, ya están enfermas, no tienen familia, ¿dónde
van a estar mejor que acá? Eso se naturaliza, se justifica, uno
anestesia su conciencia. ¿Cómo hacer para pasar de un modelo donde
nada me importa a un modelo donde todo tiene que ver conmigo? Y yo
tengo un título, que me lo dio la sociedad, que me permitió
estudiar gratis, y tengo una renta del Estado y tengo trabajo,
¿qué hago por los demás? ¿cómo hacer que la gente recupere su
vocación? Que en algún momento la tuvo, ¿qué pasó después? Las
universidades tampoco están preparadas, porque vos salís
psicólogo, médico, asistente social, para trabajar en
consultorios, en centros, hospitales…No hay preparación en la
universidad pública, ni hablemos de las privadas, para salir a la
comunidad. Todo el mundo es lakaniano: en un encuadre cerrado,
donde están todas las variables cuidadas, allí la teoría te sirve
para poner una distancia, una objetividad. Pero cuando vos salís a
la villa, el encuadre no está más, ¿qué les decís? Entonces la
gente se repliega; encima cuando vos hacés un trabajo comunitario
tenés miedo de que piensen que estás haciendo política, la gente
dice "me van a confundir con un rojo", todavía seguimos con la
sensación de que cualquiera que quiera un cambio social es un
rojo malo , como si el cambio social siempre fuera unido
a la maldad. Sí, a la maldad de la destrucción de este modelo que
no va más. Todos estos son factores que van confluyendo para que
el Ministro de Salud, que sale de esa sociedad, se olvide de
invertir, de poner los recursos necesarios; que la gente de salud
mental se olvide de cumplir su tarea. Y entonces, sí, hay una
comodidad: Vas al Hospital Santoyani en Liniers, al Pirovano, al
Ramos Mejía, ¿enfermo mental? Moyano o Borda. El hospital tiene un
anclaje social como institución negada. Además, hay una sensación
de que no puede ser que pase tanto mal allí adentro. El mal no es
que alguien le pegue a los pacientes: el mal es que los pacientes
siguen aquí durante veinte años. Nadie los tortura, lo que ocurre
es que pasa el tiempo, la vida no es infinita y se mueren aquí
adentro.
- Algo de eso nos contaron
en el Borda, que no pueden salir porque ya no tienen contactos
afuera .
- Vos tenés dos formas de
evitar el manicomio. Una, es que disminuya el ingreso: cada zona
de la ciudad debería ocuparse de sus problemas específicos. Pero a
los que ya están, los tenés que sacar. Para eso están las Casas de
Medio Camino. Habría que poner una Casa de Medio Camino en cada
barrio. Que es una casa normal, común, que sale u$s100.000, para
diez personas; entonces esta gente que ya está bien, en los
hospitales, que no tiene familia, va a esa casa, como un vecino
más. Así los van conociendo, encuentran trabajitos, en la
verdulería, como cadete de farmacia, ayudante de mecánico. Tampoco
se pide que ganen u$s10.000; hablamos de 500, 600, 700 pesos.
Después consigue una pieza, se va a vivir solo y ya le deja el
lugar a otro que puede salir del hospital. Esto sería: 16 casas,
10 camas por cada una, 160 pacientes. Parece un número pequeño
pero son 160 personas que van retomando contacto con la sociedad,
que cada nueve, diez meses, van dejando lugar a otros.
- ¿Ya están construidas
estas casas?
- Una y la hizo Desarrollo
Social y no Salud. Otra que es del Borda, que está en la calle
Alberdi al 3000, cerca del Hospital Alvarez. Pero que funciona con
el Borda porque el Alvarez no quiere la función comando. Porque se
necesitan subsidios. Si se dan subsidios para cualquier cosa, por
ciudadanía porteña, por madre soltera con hijos, etc., ¿por qué no
dar un subsidio a uno que se pasó veinte años acá adentro, que es
una deuda pública porque fueron veinte años privado de su libertad
sin haber cometido crimen?, ¿no se le puede dar 300 pesos para que
empiece a moverse? Que salga, consiga trabajo, que se pueda pagar
una pieza. Eso te diría es "la genialidad del plan de salud
mental", que no es ninguna genialidad, es aplicar algo que hace 70
años se viene diciendo
-
¿Exactamente, quiénes son las pacientes que ingresan al hospital?
Porque está la idea del "peligroso para la sociedad" y que el que
se cree Napoleón y habla solo, se queda afuera.
- Esa es una hipocresía
colectiva. El mito de confundir peligrosidad con enfermedad mental
es una locura. El más peligroso es el que está sano. Porque puede
especular, hacer operación, montar una
simulación. El enfermo
mental lo que comete son situaciones de momento, rompe un vidrio,
se enoja, pero nada más, no son situaciones calculadas. El tirador
de Belgrano, por ejemplo, puede ser un psicópata, pero no un
esquizofrénico, un esquizofrénico se mete un tiro en la pierna, y
además no sabe sostener un arma. El psicópata es más difícil, no
deja de ser un trastorno mental, pero de otro orden, no es para
ser internado, es más para el régimen carcelario.
Las mujeres son pobres. Pobres e indefensas socialmente. El 40% de
las que ingresan aquí tienen trastorno de personalidad, tienen una
crisis, no son psicóticas. El ingreso típico es la chica que se
pelea con el novio: se corta las venas porque el novio se va. La
llevan al hospital de agudos y allí dicen "no, es una paciente
psiquiátrica" y la mandan al Moyano. Acá le damos de alta en una
semana. En realidad es un acto de desesperación, no sabe qué
hacer, por falta de cultura no puede digerir esa separación. El
trastorno de personalidad es el pegoteo con el otro, si el otro se
va, no soy nada. Queda un vacío. Lo que nosotros tratamos de hacer
acá, en esos casos, es decirle que se haga responsable de sus
actos, ¿a quién alguna vez no lo dejó alguien? Además, morir de
amor en esta época está fuera de moda. Pero se decreta que es
peligrosa para sí, pero no es peligrosa para sí, solo que no pudo
manejar su afectividad, sencillamente no tuvo una amiga que le
dijo "mirá, a ese mejor perderlo que encontrarlo". Las personas
que están internadas aquí no son monstruos. Había un caso de una
mujer que hace 60 años le tiró un vaso de yogurt a la cara a la
madre y, bueno, era una falta de respeto, una enfermedad mental,
la internaron acá y murió acá. Mis hijos no llegan a eso, pero más
o menos. En la actualidad se tolera más. Antes, la alteración del
orden equivalía a una internación; hace 50 años ibas en
yean a la Facultad de Medicina y te internaban en el
Borda. O los pibes que ahora se hacen piercing, colores raros en
el pelo o tatuajes hubieran sido diagnósticos de esquizofrenia.
Ese es un rol que la psiquiatría debería abandonar, nosotros no
somos controladores sociales.
- ¿Cuál es el promedio de
internación en el hospital?
- De las mil pacientes
internadas, el promedio de internación es de 10 años. Tomando en
cuenta que hay agudos, hay pacientes de 25 a 30 años. Y el 50% de
las pacientes tienen más de 65 años, es un geriátrico. En realidad
hay dos hospitales: uno, que es un asilo y el otro, que intenta
ser un hospital, con un ritmo de 15, 30, 60 días de internación,
pero las que ya estaban, esas siguen.
- El tema de la
disponibilidad profesional, ¿cómo es la proporción entre médicos y
las mil pacientes, al margen de la malcrianza de los 22 años
pasados?
- Personal hay. El problema
es la modalidad del tratamiento. El hospital tiene que estar
vinculado con Desarrollo Social. Desarrollo Social provee
subsidios, debería poner casas de convivencia o de medio camino, y
programas de trabajo para la gente.
- El problema es
ideológico, no de falta de recursos
- Es un problema que tiene
que ver con las concepciones socioculturales. Tenemos una sociedad
que no es precisamente altruista ni solidaria, durante la década
del 90 se destruyeron los pocos lazos sociales que había, aumentó
la movilidad de la gente, por lo que no hay anclaje barrial,
además de la negación del diferente. El Ministerio de Salud no le
da bolilla a Salud Mental porque por lo general el Ministro es
cirujano o clínico. Todo se debería dar en un marco congruente: la
sociedad que vaya aceptando, el Ejecutivo que destine fondos para
que haya profesionales en los barrios, y que se genere la reunión
de subsidios con las casas de medio camino para que la gente que
ya está internada, salga. Entonces, en la medida en que toda esta
rueda no se ponga en marcha junta, el cambio dentro del Hospital
Psiquiátrico será lento. Además, en última instancia, hay un
mandato para que se reduzca el papel del psiquiatra al de
cuidador. El compromiso del Estado con las instituciones
psiquiátricas es cuidado por un lado –que el paciente reciba
alimentos, medicación, que no hubiera abusos, etc.- y, por el
otro, curar. Pero curar no es solamente la compensación
psiquiátrica psicológica. Curar implica que no pierda las
habilidades sociales, porque con los medicamentos vos rápidamente
suprimís los delirios, los desvaríos, las tristezas. Pero es como
si estuvieras en la máquina de Walt Disney, frizada. En la guardia
debe haber terapeutas ocupacionales, para medir las habilidades
sociales; debe haber asistentes sociales, para que la familia sea
rápidamente contactada y no se pierda ese vínculo...
- Vemos mucho
movimiento en el área de Investigación y Docencia.
- Sí, hay
convenios con la UBA, con las Universidades privadas, hay mucho
trabajo de docencia. Con relación a la investigación lo que falta
es el trabajo epidemiológico, de dónde viene el paciente, cuál es
la situación cultural de las familias de origen, eso falta. Si la
investigación tiene que ver con la idea a largo plazo de qué
orientación le queremos dar al modelo ideológico imperante, hace
falta epidemiología; en cada barrio, ¿cuántas enfermedades
mentales se producen por año? ¿cuántos emergentes hay que aparecen
como cristalizados en enfermedad mental? No están esos datos, es
más, ni siquiera hay un acuerdo colectivo de qué clasificación se
va a usar. Porque un paciente es visto como que tiene tristeza,
otro lo ve como un esquizofrénico, otro como un trastorno de
personalidad. Ni siquiera hay acuerdo en eso, así es que imaginate
el resto. En el Barrio de Lugano, ¿cuántas esquizofrenias aparecen
por año? ¿cuántas mujeres golpeadas hay? ¿cuántos desocupados? La
calidad de vida, percibida y sentida, es algo que se mide en los
países desarrollados desde hace años. Acá en la Argentina es algo
que se dice en los cursos pero en la práctica no lo hace
absolutamente nadie.
- Pareciera que en todos los
campos, no sólo en el de Salud Mental, siempre están faltando
datos actualizados, relevamientos, estadísticas. Es muy frecuente
leer o escuchar en los medios eso de "aunque no hay estudios
precisos sobre tal tema…", y esto ocurre en educación, en
producción de soja o en brotes de meningitis.
- Sí, todo el mundo está
ocupado en la tarea de hoy. Si aquí somos 200 profesionales para
las 1000 pacientes, 50 podemos ocuparnos de pensar en un futuro.
Pero no, eso no hay. El Área Programática
es virtual, inexistente, fue ocupada por el Hospital Pena y el
Argerich. Nosotros no salimos a la comunidad. Lo que vamos a
tratar de hacer es salir porque no se puede concebir una
psiquiatría o una salud mental sin sociedad, sin comunidad, que es
lo que nos falta.
Zenda Liendivit
Redacción de Contratiempo
Setiembre 2006 |